HOMILÍA EN LA FIESTA DEL DULCE NOMBRE DE JESÚS

Nazareno

Homilía pronunciada por el párroco Rvdo. D. Rafael J. Pérez Pallarés en la Eucaristía celebrada con motivo del Dulce Nombre de Jesús

1. Jesús carga con su propia cruz. Cristo a pesar de su condición divina no hizo alarde de su categoría de Dios. Aceptó una muerte horrible, deshonrosa, vergonzosa. Desnuda. Su coherencia de vida, desemboca en esta orgía de sangre y sufrimiento, de misericordia y amor por la redención de nuestros pecados.  Es necesario que además de orar por nosotros recemos a Jesús, el Nazareno de Dulce Nombre, por los corazones necesitados de redención, por las vidas que anhelan sentido pleno a la existencia. Y que recemos a Jesús a él que carga con la cruz y con el rostro cansado. Para que no dé fuerza y ánimo para compartir la cruz cotidiana de quien nos rodea; la cruz del enfermo, del parado, del deprimido. Que aspiremos a ser instrumento de amor para quienes están agobiados y se sienten abandonados de todos y por todos.

2. Cuenta una antiquísima tradición que Jesús cayó bajo el peso de la cruz varias veces en el camino del Calvario. La pérdida de sangre por el desgarramiento de la piel en los azotes, los dolores musculares insoportables, la tortura de la corona o el peso del madero serían determinantes para empotrar contra el suelo al reo. Todos tenemos experiencia de haber tropezado y caído al suelo. Sin embargo, ¡con qué rapidez nos levantamos, para no hacer el ridículo! Es bueno contemplar a Jesús en el suelo y a los que le rodean. Jesús sufre con todos los que tropiezan en la misma piedra y se desploman sin fuerzas, víctimas del alcohol, de las drogas, de dependencias que los esclavizan. Es bueno rezar para que, apoyados en Él y en quienes los socorren, se levanten de su postración; de su pecado. Es bueno rezarle a él para que ayude a quien no tiene apenas aliento para vivir; por quien está privado de libertad, por quien tropiezan una y otra vez con la droga, con el alcohol, con la ira, con la desesperación, con la adicción sexual. Para que ayuda a los que sufren; a los que son víctimas de genocidios y de los desplazamientos forzosos, a quien ha sufrido en su propia carne la violación y el abuso… Para que ayude a cuántas personas son desnudadas de su dignidad, de su inocencia, de su confianza en el hombre o mujer.

3. Cuentan que por el camino encontraron a un tal Simón, natural de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, y le obligaron a llevar la cruz de Jesús. Simón de Cirene, de camino hacia casa volviendo del trabajo, se encuentra con aquella comitiva de condenados. Un espectáculo quizás habitual para él. Los soldados usan su derecho de coacción y cargan al campesino con la cruz. El evangelista Marcos mencionará a sus hijos, seguramente conocidos como cristianos, como miembros de aquella comunidad. Del encuentro involuntario brotó la fe. ¿Qué mirada se cruzaría entre ellos para que eso llegase a darse? Es bueno rezar para oremos por todas aquellas personas que se han encontrado casualmente con Dios. Y que se lo pidamos a él, a Jesús, el nazareno de Dulce Nombre que abatido por la fatiga tiene el rostro sellado por el cansancio. Que le pidamos que ayude a quien lo busca con sincero corazón. A quien lo ha encontrado y, a tientas, comienza a caminar tras de él. Que ayude a los niños y jóvenes de nuestro tiempo, de toda raza, credo y condición, marginados de la sociedad, que encuentran cada día a cireneos que se disponen a caminar a su lado.

4. Cuentan que camino del Calvario lo seguía una gran multitud del pueblo y de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: “Mujeres de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos. Porque si así tratan al leño verde, ¿qué pasará con el seco?» Es bueno rezar a Jesús, el Nazareno de Dulce Nombre por quien sufre ante el dolor ajeno, gentes que sienten cómo sus entrañas se retuercen ante los niños desaparecidos, ante el dolor de unos padres que han perdido a sus hijos, ante el daño infringido a unos niños que son utilizados como moneda de cambio. Que ayude a quien hace suyo el sufrimiento ajeno. A quien sufre ante la injusticia, ante la sinrazón humana, ante la discriminación a causa de su fe.

5. No podemos olvidar que una imagen por mucha fe que nos dé no deja de ser una imagen que remite a miles de vidas destrozadas por causa del pecado; es una imagen que remite al momento en que Cristo tomó su cruz por causa de nuestros pecados. Con su misericordia nos enseña cómo debemos ser también nosotros aunque nuestro orgullo nos impida a veces vivir en plenitud.