AÑO DE LA MISERICORDIA

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Los católicos de todo el mundo celebran el 8 de diciembre el dogma de la Inmaculada Concepción de María. Verdad de fe proclamada en 1854 por Pío IX. No es la única efeméride que celebra en este día. También un 8 de diciembre se clausuró el Concilio Vaticano II. No es casual que cincuenta años más tarde el papa Francisco haya elegido esta fecha para inaugurar el Jubileo de la Misericordia. Ha querido homenajear las enseñanzas de este Concilio y subrayar la necesidad de mantener vivo su espíritu. Se inaugura con la apertura de la puerta santa de la Basílica de San Pedro. Benedicto XVI participa junto a Francisco de este fervoroso momento. Un gesto que tendrá su continuación cuando se abra la Puerta de la misericordia de la Basílica de San Juan de Letrán. Y junto a ella la de otras catedrales del mundo. También la de Málaga.

Puestos a reflexionar sobre la misericordia conviene leer la hermosa Bula, “El rostro de la misericordia”, con la que el Papa Francisco ha convocado a celebrar este Año Jubilar. La misericordia es bella palabra que remite a gestos y obras preciosas: visitar enfermos, dar de comer y beber a quien tenga hambre y sed, ser hospitalario con el emigrante y refugiado, vestir a quien no tiene ropa, visitar a los presos, enterrar a los difuntos, enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, corregir al que se equivoca, perdonar al que ofende, consolar al triste, sufrir con paciencia los defectos de los demás, pedirle a Dios por vivos y difuntos…. Infinidad de obras que encuentran en Dios la manera perfecta de ejecución. De hecho, la Sagrada Escritura presenta la misericordia como manera de ser del mismo Dios. El hombre y la mujer de todos los tiempos necesitan de signos cuando se agotan las palabras. Por ello es recomendable dar una vuelta para ver cómo podemos ser cada día mejores personas, más misericordiosos, más auténticos. El mundo necesita dulzura, cariño, ternura. En definitiva misericordia. A las puertas de la Navidad conviene revisar qué tal andamos del amor que va más allá de lo políticamente correcto y de las frecuentes normas y convicciones sociales que asfixian. Qué tal andamos de misericordia, cercanía y comprensión para hacer el mundo más humano, más de Dios. Un Torremolinos más precioso.